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«El bordar es un arte noble»: Teresa Cruz, Bordadora de Mesa Grande en Tras los Pasos de Prudencia Ayala

Mar, Sep 7, 2021

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Lo primero que bordó fue su casa quemada en 1979, el tener ese recuerdo de ver todo en ruinas, todo quemado. Ese árbol de mango chamuscado, quemado y su casa en llamas, se lo imaginó y después lo bordó. A los doce años, Teresa abandonó su casa quemada con sus familiares y sus recuerdos. Viviendo en otros cantones, con otros amigos o familias. En plenos albores de la guerra civil, se van al refugio.

El MUPI promueve conversatorios virtuales junto a Casa de la Cultura El Salvador en Washington DC. El pasado viernes 3 de septiembre de 2021, realizaron el conversatorio Los Bordados de Mesa Grande con Teresa Cruz un nuevo episodio de la Serie «Tras los Pasos de Prudencia Ayala» a través de sus cuentas en Facebook Live, junto a Carlos Henríquez Consalvi, director del MUPI y moderado por la directora de la Casa de la Cultura El Salvador, Jeannette Noltenius.

El refugio. Cuando su familia llega a la frontera con Honduras, un buen grupo de salvadoreños llegaron a un cantón cerca de Peña Blanca, después de Arcatao, Chalatenango, y otros lugares, muchos, y después estaban esos pequeños caseríos en Honduras, ahí les dieron refugio los campesinos hondureños. Ellos huían de esa situación de persecución. Posteriormente llegó mucha gente de Cabañas, es ahí cuando ACNUR y CÁRITAS empiezan a ayudar a la gente. Y había miles. Primero fue La Virtud, con carpas, ahí se comenzaron a hacer estos espacios de campamentos de refugiados.

Se cocinaba juntos, era una comunidad de la noche a la mañana. Mucha gente los vio cruzando el río. Fue cuando se creó La Virtud y su campamento. Hacían talleres de manualidades, como hacer hamacas, costura, carpintería. Posteriormente ACNUR decidió moverles hacia Mesa Grande, porque era peligroso que hubiera gente civil en las fronteras con Honduras, y San Marcos de Ocotepeque estaba más adentro.

“Una noche del 81 y fuimos a parar ahí. En una carpa cabíamos doce o trece personas, todos durmiendo en el suelo, no había camas, y en Mesa Grande había mucho frío”. “Aprender cosas desde muy temprano en la mañana, yo tenía ánimos de aprender a hacer pantalones, en sastrería, el desayuno colectivo, después al centro de educación, de una u otra u otra forma buscar esa pedagogía de la memoria” …

Teresa Cruz, es una mujer quien contó sus vivencias como bordadora en sacos de manta, en pañuelos, en lo que encontraran, para registrar sus historias y comunicarlas. También con la idea, que esta herramienta podría servir para sacar este tipo de bordados de los campamentos, fuera de Honduras.


“El bordar es un arte noble”, dice Teresa.


¿Qué pasaba con niñas y niños huérfanos? Hacían diferentes talleres y así podían expresar y sacar lo que habían estado viviendo. Aprendían a leer y a escribir, buscando herramientas que encontráramos. Hacían pequeños talleres para que pudieran expresar su sentir. Talleres de dibujo, pintura, carpintería, hortalizas, y dentro estaba el taller de bordado.
Dibujaban en papel sus traumas y sus alegrías, qué es lo que habían vivido. El bordar les ayudaba mucho más. El bordado ayuda, porque tarda. El estar hilando, pensando en colores, puntada tras puntada ir sanando, y hablando conversando también con los otros. Esa parte que estaba tan dura, se iba sacando.


Un ejercicio sanador.


La Educadora popular, bordadora, Teresa Cruz, procedente de una familia campesina de El Salvador, contando en este conversatorio Tras los Pasos de Prudencia Ayala, la historia de cómo desde los años setentas, se dio la movilización de la gente por la guerra. Ante la represión y la quema de su casa, su familia y ella como una niña adolescente se van y viven en el refugio de Mesa Grande. Una de sus tareas en el refugio, fue dar clases de alfabetización para adultos y niños y niñas. Durante cinco años en el refugio, pero no se podía salir.

“Fue bonito, pero nos costó, siempre con la esperanza de regresar a un El Salvador diferente”.

En el MUPI se encuentra la exposición «Bordadoras de Memorias», esta exposición viajará en 2022 para mostrarse en España al Museo Reina Sofía, y a un museo en México.

El Museo de la Palabra y la Imagen hace un llamado a las personas que tengan bordados realizados en los refugios, y quieran compartir, se puedan comunicar para poder fotografiarlos o si pueden donarlos, escribe a mupi@museo.com.sv  o a comunicacionesmupi@gmail.com


VER CONVERSATORIO AQUI: https://www.facebook.com/watch/live/?v=843673539524401&ref=watch_permalink

Nota: Tania Primavera/MUPI.

Durante el conversatorio Teresa conversa con Jeannette Noltenius de Casa de la Cultura El Salvador en Washington DC y Santiago, director MUPI.

“Fue bonito, pero nos costó, siempre con la esperanza de regresar a un El Salvador diferente” 

La Virtud, Honduras, 1981. Foto Giovanni Palazzo/COLECCIÓN FOTOTECA MUPI.
Teresa en el MUPI, viendo Bordadoras de Memorias, exposición.

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